Hy-Brasil: la Atlántida celta

Atlántida celta
Detalle del mapa de Ortelius con Isla Brasil cerca de la costa de Irlanda

 

A lo largo de la Edad Media, numerosas leyendas describieron la existencia de míticos territorios más allá de las fronteras conocidas de los océanos y mares de la Tierra, en aguas temibles que los autores de aquellos relatos llenaron de monstruos aterradores y demás criaturas fabulosas.

 

Atlántida celta
Juan de Mandeville

Uno de los textos más exitosos del Medievo fue Viajes de Juan de Mandeville, una obra de ficción que paradójicamente se convirtió en referente geográfico e histórico fidedigno para muchos viajeros y navegantes. En el siglo XV y posteriores, la apertura y continuidad de rutas marítimas hacia América ayudó a desterrar algunas de aquellas fábulas y supersticiones, si bien continuó manteniéndose la incertidumbre sobre la verosimilitud de ciertas historias, a menudo tradiciones enraizadas en antiquísimos cultos anteriores al cristianismo.

 

Uno de los mejores ejemplos de esto último lo constituye Hy-Brasil, una misteriosa isla vinculada con la mitología irlandesa, pero señalada como «objeto real» en mapas, atlas y cartas náuticas durante casi quinientos años. ¿Cómo era posible que insignes cartógrafos como Abraham Ortelius o Angelino Dulcert se obstinaran en consignar en sus mapas una isla inexistente? Sin embargo, estos y otros reputados geógrafos marcaron la localización de Hy-Brasil al suroeste de la costa de Irlanda. Además, no pocos marinos y expertos navegantes trataron de avistarla o arribar a sus costas, llegando a ocurrir esto último si hemos de creer varios testimonios.

Sea como fuere, la búsqueda de Hy-Brasil se tornó en materia de inusitada importancia, tanto que incluso llegó a convertirse en asunto de estado. Veamos por qué.

 

Expediciones inglesas

 

A finales del siglo XV, el religioso español Pedro de Ayala llegó a Londres tras haber permanecido un largo periodo en Escocia, donde había llegado en misión diplomática por orden de los Reyes Católicos. Una parte fundamental de su trabajo incluía obtener información relevante en relación con los intereses de los soberanos de las coronas de Castilla y Aragón, particularmente los que tuvieran que ver con los movimientos de la flota inglesa.

Atlántida celta
Los Reyes Católicos

Concretamente el 25 de julio de 1498, el religioso y espía español envió una carta cifrada a los reyes en la que les detallaba diversos aspectos de sus pesquisas. En uno de los fragmentos más interesantes del texto, Ayala da cuenta a los soberanos de ciertas expediciones organizadas por John Cabot y en las que participó un tal fray Buil, expediciones que partieron desde Bristol hacia el Atlántico oeste, subrayando que el destino de las mismas era una tierra llamada «isla Brasil», enclave que al parecer ya conocían e incluso habrían pisado algunos de los marineros de Bristol enrolados en los navíos capitaneados por Cabot.

El contenido de la carta de Pedro de Ayala a los Reyes Católicos, cuyo original se conserva en el Archivo General de Simancas, genera ciertas dudas e interrogantes. Aunque se trata de un documento histórico, ¿son fidedignos los hechos que expone? Para empezar, sí parecen serlo los personajes mencionados en el fragmento. Así, John Cabot no sería sino el famoso navegante y explorador genovés Giovanni Caboto, también conocido como Juan Caboto. En cuanto al fraile que habría viajado con éste, es más que probable que fuera Bernardo Buil, el religioso aragonés que acompañó a Cristóbal Colón en su segunda expedición al Nuevo Mundo. 

 

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Juan Caboto

 

Es sabido que Juan Caboto quería emular las hazañas de su paisano Cristóbal Colón y fue así como Caboto y su familia llegaron al importante puerto de Bristol, donde el explorador, finalmente, logró el apoyo que necesitaba. Curiosamente, Bristol era conocido porque desde la década anterior varios barcos habían zarpado en busca de Hy-Brasil, una misteriosa isla que antiquísimas leyendas celtas situaban en algún punto al oeste de las costas de Irlanda. Exactamente la misma «isla de Brasil» a la que se refiere Pedro de Ayala en su carta a Isabel y Fernando. Pero, ¿qué se les había perdido a los ingleses en Hy-Brasil? Además, ¿acaso no se trataba de de un enclave mítico, imaginario?

 

Por sorprendente que parezca, Hy-Brasil ha aparecido en numerosos mapas y cartas náuticas desde al menos 1325 y hasta mediados del siglo XIX. De hecho y al contrario de lo que sucede con la Atlántida, Mu, Lemuria y demás «continentes perdidos», esta isla siempre ha estado bastante bien localizada geográficamente hablando. Es más, disponemos de testimonios de navegantes que la avistaron desde sus barcos e incluso los de varios marinos que dijeron haber desembarcado en ella y visto cosas extraordinarias. Comencemos por los mapas donde se ubica a este brumoso territorio.

 

De las cartas portulanas a los mapas de Ortelius

Como he mencionado, la isla de Hy Brasil apareció en un mapa tan pronto como en 1325. El autor del mismo, Angelino Dulcert (o Angelí Dulcert, en catalán), pasa por ser uno de los cartógrafos más célebres de la historia. A Dulcert, mallorquín de adopción aunque probablemente de origen genovés, se le atribuye la factura de las «cartas portulanas» más antiguas del mundo; esto es, fue autor de los primeros mapas que hicieron posible el uso de la brújula, mapas muy similares a los actuales que poseían como fondo una retícula trazada según los rumbos o líneas de dirección de la rosa de los vientos, e incluso contenían una escala gráfica, o sea, mostraban la relación entre la longitud del objeto representado y el tamaño real del mismo. En esencia, las cartas portulanas eran mapas absolutamente fiables que perduraron durante siglos. Y, en efecto, en el mapa de Dulcert de 1325, a aproximadamente 200 millas al suroeste de la costa de Irlanda, encontramos una pequeña isla que Dulcert llama «Insula de monotonis siue de brazile».

 

Pocos años después, Angelino Dulcert firma el más antiguo de los mapas pertenecientes a la escuela mallorquina, el conocido como «portolá de 1339». Nuevamente, demostrando que la señalización de la pequeña isla de Bracile o Brasil no fue un lapsus, vuelve a situarla en el mismo lugar, si bien en esta ocasión se aprecia mejor su contorno, marcadamente circular, y una especie de canal que parece dividirla en dos. Quizá el autor o autores del Atlas Catalán de 1375 interpretasen erróneamente este último detalle, porque en el también llamado Mapamundi de los Cresques –la obra cartográfica en lengua catalana más importante de la Edad Media– no aparece una sola isla con el nombre de Brasil, sino dos: una situada al suroeste de la costa irlandesa y otra en el extremo opuesto, al noreste de la costa de Escocia.

 

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Mapa de Ortelius

Ya en el siglo XVI, el eminente geógrafo y cartógrafo Abraham Ortelius volvió a ocuparse de esta isla fantasmal, aunque Ortelius no pareció tener dudas ni de su nombre ni de su ubicación, situándola como era costumbre al oeste de la costa irlandesa y llamándola simplemente Brasil en el mapa de Europa que realizó entre 1570 y 1609.

 

Teniendo en cuenta la época en que Ortelius confeccionó este mapa y el detalle y minuciosidad que caracterizaban su trabajo, resulta llamativo que el geógrafo nacido en Amberes, considerado el padre de la cartografía flamenca, incluyese en dicho atlas una isla mítica o fantástica, dado que el resto de lugares que consigna en el mismo eran sobradamente conocidos y no comete errores de bulto ni en sus denominaciones ni en su ubicación. ¿Por qué Ortelius, Dulcert y otros cartógrafos habrían de reseñar en sus atlas un enclave imaginario?

 

Sea como fuere, Hy-Brasil continuó apareciendo en los mapas en épocas posteriores, siempre ubicada junto a la costa irlandesa. No obstante, a partir de 1776 comenzó a minimizarse su importancia y dimensiones. Tanto es así que en algunas cartas del Almirantazgo británico pierde la categoría de isla, pasando a ser descrita como «una gran roca situada seis grados al oeste del extremo sur de Irlanda», anotación que se elimina definitivamente hacia 1865. ¿Qué ocurrió con Hy-Brasil? ¿Se hundió en el mar como ha ocurrido con otras islas en tiempos no tan lejanos?…

 

Testimonios sorprendentes

Lamentablemente, los testimonios de quienes dijeron haberla visto o arribado a sus costas no poseen el grado de fiabilidad deseable, abundando los relatos de navegantes que no tuvieron éxito en sus expediciones a la isla. Por ejemplo, el cronista e historiador William Worcester escribió que, el 15 de julio de 1480, un familiar suyo y marino llamado John Jay zarpó de Bristol con la intención de descubrirla, pero regresó a puerto con las manos vacías tras dos meses de infructuosa búsqueda. Idéntica suerte corrieron los marineros de los barcos Trinity y George, que también partieron desde Bristol en 1841 con la intención de explorar Hy-Brasil. Una década después, el citado navegante genovés Juan Caboto emprendió varias expediciones con el mismo objetivo, aunque en las coordenadas que le marcaban sus mapas no halló rastro alguno de la isla.

 

Habría que esperar hasta el siglo XVII para encontrar relatos de navegantes que afirmaban haber desembarcado en Hy-Brasil, pero sus descripciones del acontecimiento resultan harto sospechosas. Así, el capitán John Nisbet, natural de Killybegs, condado de Donegal (Irlanda), aseguró que justo después de que su barco atravesara un espeso banco de niebla, en un punto indeterminado frente a la costa irlandesa, se topó de improviso con una isla que Nisbet identificó con Hy-Brasil. Según el testimonio del capitán Nisbet, éste ordenó desembarcar en la isla a cuatro de sus hombres, los cuales permanecieron en Hy-Brasil hasta el anochecer. A su regreso, los marineros le contaron que la isla estaba habitada por un solo hombre, al parecer una especie de sabio o mago muy anciano que les había entregado varias piezas de oro y plata.

 

Pocos meses más tarde, el capitán Alexander Johnson, también de Donegal, navegó con éxito hasta Hy-Brasil y, al regresar al puerto de Killybegs, confirmó el más que sorprendente relato de Nisbet, incluido el encuentro con el extraño aunque generoso anciano.

  

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Recreación artística de Tír na nÓg

El último avistamiento documentado de esta isla tuvo lugar a finales del siglo XIX, pero del testimonio de su principal protagonista, el reputado arqueólogo y folclorista irlandés Thomas Johnson Westropp (1860-1922), parece deducirse que Hy-Brasil es más un espejismo que un objeto tangible: Hy-Brasil, la ‘isla de los Benditos’, es posiblemente una herencia del paganismo ancestral que localiza su Tír na nÓg, la ‘Tierra de la Juventud’, salpicada por las olas al oeste de las islas de Aran, donde se acuesta el sol. El deseo de la eterna juventud, de una tierra sin muerte, prevaleció a lo largo de toda la costa occidental (de Irlanda), arraigó especialmente en Kilkee entre 1868 y 1878 y persiste incluso en nuestros días. «Yo mismo vi aquel espejismo varias veces en 1872. Se trataba de una isla perfecta, con colinas boscosas y lo que me parecieron altas torres que surgían sólo un instante, mientras el sol se hundía en el horizonte», dejó escrito Westropp con su peculiar estilo.

 

Como sugería este arqueólogo y folclorista, en paralelo a los esfuerzos por ubicar Hy-Brasil en el mundo real, esta isla siempre ha formado parte de los mapas míticos del pueblo irlandés, de ahí que muchos investigadores rechacen su naturaleza física y opten por adscribirla al ámbito de lo legendario. 

 

En efecto, existen numerosas leyendas en torno a Hy-Brasil, pero la más extendida es la que la vincula con Tír na nÓg, una isla mítica a la que se retiraron los Tuatha Dé Danann tras ser expulsados de Irlanda. Esa conexión con la mitología explicaría por qué Hy-Brasil solamente era visible una vez cada siete años, o por qué resultaba inaccesible a la gente corriente, permaneciendo reservada para los héroes o los santos, tal y como se especifica en varias leyendas irlandesas muy populares durante la Edad Media. Tampoco faltan los estudiosos de la cuestión que relacionan Hy-Brasil con el Otro Mundo u orbis alia de la mitología celta, un enclave paradisiaco habitado por hadas, duendes y otras criaturas sobrenaturales, y generalmente localizado en una remota isla al oeste de las costas irlandesas.

 

Otra pista que vincula el origen de esta isla con la mitología celta nace del propio topónimo, pues se asume que los vocablos Brasil, Hy-Brasil, O’Brasil, Brazile, Braziliae, Bresily o cualesquiera de las muchas denominaciones por las que ha sido llamada esta isla en el pasado, provendrían de Breasal, nombre de uno de los legendarios fundadores de Irlanda y Alto Rey del Mundo, siempre según la mitología celta.

 

La Gran Inundación tras la Edad de Hielo

No obstante lo anterior, la insistencia por situar Hy-Brasil en una región concreta del mundo, respaldada por su inclusión recurrente en numerosos mapas y cartas náuticas, podría obedecer a que en dicho lugar existió un territorio emergido, un enclave que probablemente desapareció bajo las aguas tras la última Edad de Hielo, pero cuyo recuerdo fue transmitido y pasó de generación en generación gracias a la rica tradición oral irlandesa.

 

De hecho, en un informe de la Sociedad Geológica de Irlanda publicado en 1862, se sugería que Hy-Brasil –o el territorio identificado con esta isla– pudo estar ubicada en un promontorio o saliente del conocido como Porcupine Bank, un gran banco de arena o bajío localizado a unos 200 kilómetros al oeste de la costa de Irlanda, hipótesis que volvieron a plantear geólogos pertenecientes a esta institución en 1870 y 1883, y que en tiempos mucho más recientes recogía el investigador británico Graham Hancock. Por otra parte, que la ubicación de Hy-Brasil se correspondiera con un bajío no muy alejado de la costa irlandesa cobra sentido a la luz de algunos relatos y testimonios, según los cuales la isla aparecía y desaparecía en el horizonte o no siempre era visible cuando se la intentaba localizar en el punto geográfico que ocupaba habitualmente, suceso que se explicaría debido a la acción de las mareas.

 

Doggerland
Restos de un bosque fosilizado en aguas del Mar del Norte

Curiosamente, pocos años después de que se hiciera pública la posible relación entre Hy-Brasil y el banco Porcupine, científicos británicos comenzaban a plantear el potencial arqueológico de un enorme banco arenoso conocido como Dogger y situado en la zona central del Mar del Norte, a aproximadamente 100 kilómetros de la costa de Gran Bretaña. Con una profundidad media que no supera los 35 metros, aproximadamente 20 menos que el área que lo circunda, este banco de arena se corresponde con un vasto territorio que permaneció emergido durante la última Edad de Hielo y que conectaba Gran Bretaña con el continente europeo (ver en este mismo blog "Doggerland: la Atlántida del Norte").

 

Considerando el ejemplo de Doggerland, ¿acaso no es posible que ocurriera algo parecido en el banco Porcupine, frente a las costas de Irlanda? El tiempo dará o quitará razones, pero es probable que Hy-Brasil tuviera todo el derecho del mundo a aparecer en los mapas.

 

Para saber más Revista Año/Cero n.316

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