2016 y El Misterio de la Cruz de Hendaya

 

A simple vista la Cruz de Hendaya es un humilde objeto arquitectónico carente de interés. Sin embargo, los símbolos grabados en este crucero contendrían las claves de un desastre inminente, o eso es, al menos, lo que dejó escrito el célebre alquimista Fulcanelli, quien diseccionó dichos emblemas en su revelador tratado "El misterio de las catedrales", texto en el que varios investigadores han descubierto nuevas pistas que vinculan el mensaje codificado en esta cruz con el momento culminante de un ciclo cósmico que concluye en 2016.

Cruz de Hendaya

No son pocos los eruditos que han desvelado el significado de los símbolos presentes en las catedrales góticas y en otras obras arquitectónicas erigidas durante los últimos siglos de la Edad Media, si bien la mayoría de estos comentaristas explicaron dichas representaciones desde una perspectiva cristiana.

 

Al contrario, Fulcanelli, en su libro El misterio de las catedrales, proporcionaba una visión muy distinta de estos edificios, pues asumía que los constructores de catedrales encriptaron en las mismas un código oculto vinculado con la alquimia y la cábala, un mensaje ancestral y hermético sólo al alcance de un escogido grupo de iniciados.

 

Al referirse a este código o «doble lenguaje», Fulcanelli utiliza el vocablo argot, término que asocia con la denominación arte gótico. «Para nosotros, arte gótico (art gothique en el original en francés) es más que una deformación ortográfica de la palabra ‘argótico’ (argothique), cuya homofonía es perfecta de acuerdo con la ‘ley fonética’ que rige, en todas las lenguas y sin tener en cuenta la ortografía, la cábala tradicional.

 

La catedral es una obra de arth goth o de argot. Ahora bien, los diccionarios definen argot como ‘una lengua particular de todos los individuos que tienen interés en comunicar sus pensamientos sin ser comprendidos por los que les rodean’. Es, pues, una cábala hablada (…) Todos los Iniciados se expresaban en argot, lo mismo que los truhanes de la Corte de los milagros y que los Frimasons o francmasones de la Edad Media, ‘posaderos del buen Dios’, que edificaron las obras maestras argóticas que admiramos en la actualidad». Pero El misterio de las catedrales contiene mucho más que juegos de palabras más o menos hábiles… 

Fulcanelli y la Gran Obra

Cruz de Hendaya  Alquimia

A propósito de Nótre-Dame de París, Fulcanelli la describe como «asilo inviolable de los perseguidos y sepulcro de los difuntos ilustres. Es la ciudad dentro de la ciudad, el núcleo intelectual y moral de la colectividad (…)

 

Por la abundante floración de su ornato, por la variedad de los temas y de las escenas que la adornan, la catedral aparece como una enciclopedia muy completa y variada –ora ingenua, ora noble, siempre viva– de todos los conocimientos medievales.

 

Estas esfinges de piedra son, pues, educadoras, iniciadoras primordiales», subraya el escritor ocultista que, obviamente, también se detiene en el significado oculto de los símbolos concretos que adornan éste y otros templos franceses.

 

Así, en relación con el laberinto, uno de los elementos que muestran la infiltración de temas paganos en la iconografía cristiana, Fulcanelli recuerda los que adornan las iglesias de Sens, Reims, Auxerre, Saint-Quentin, Poitiers, Bayeux y, claro está, el célebre de Chartres.

 

Refiriéndose a los mismos y citando a Marcellin Berthelot, escribe que «el laberinto es ‘una figura cabalística que se encuentra al principio de ciertos manuscritos alquímicos y que forma parte de las tradiciones mágicas atribuidas al nombre de Salomón. Es una serie de círculos concéntricos, interrumpidos en ciertos puntos, de manera que forman un trayecto chocante e inextricable’.

 

La imagen del laberinto se nos presenta, pues, como emblemático del trabajo entero de la Obra, con sus dos mayores dificultades: la del camino que hay que seguir para llegar al centro –donde se libra el rudo combate entre las dos naturalezas–, y la del otro camino que debe enfilar el artista para salir de aquél. Aquí es donde necesita el hilo de Ariadna si no quiere extraviarse en los meandros de la obra y verse incapaz de encontrar la salida».

 

A lo largo de las páginas de su libro, Fulcanelli disecciona muchos otros símbolos, deteniéndose en edificios emblemáticos como la citada Nótre-Dame de París y su homóloga de Amiens, pero también en enclaves menos conocidos como Bourges, la ciudad del Berry que fuera capital europea de la alquimia durante la Edad Media.

 

Llamativamente, a Fulcanelli no le interesa la espectacular catedral de Saint-Étienne, sino un edificio civil mucho más modesto, la mansión Lallemant, «una de las más seductoras y raras moradas filosofales», sentencia el alquimista.

 

De hecho, en su búsqueda de rastros menos evidentes de la «obra argótica», Fulcanelli se va alejando del centro de Francia, dedicando las últimas páginas de su libro a un objeto arquitectónico minúsculo y perdido en la remota frontera vasco-francesa…

Cruz de Hendaya 2

La Cruz de Hendaya

«Al salir de la estación, un camino agreste flanquea la vía del ferrocarril y conduce a la iglesia parroquial, situada en el centro de la población. Sus muros desnudos, flanqueados por una torre maciza, cuadrangular y truncada, se yerguen sobre un atrio levantado a la altura de unos pocos escalones y circundado de árboles de tupida fronda. Es un edificio vulgar, pesado, reformado, carente de interés. Sin embargo, cerca del lado sur del crucero y disimulada bajo las masas verdes de la plaza, se levanta una modesta cruz de piedra, tan sencilla como curiosa»

 

Así describió Fulcanelli sus primeras impresiones al llegar a Hendaya, la histórica localidad ubicada en la frontera entre Francia y el País Vasco, y observar por vez primera el crucero que se convertiría en protagonista de su estudio y de otros posteriores igualmente interesantes.

Incluso hoy, las someras indicaciones de Fulcanelli son suficientes para llegar hasta la iglesia de San Vicente, junto a la cual se ubica la conocida como «cruz de Hendaya» o «cruz cíclica de Hendaya». Si acaso, el «camino agreste» es ahora una carretera perfectamente asfaltada y los «árboles de tupida fronda» han perdido el vigor que tuvieron antaño.

 

Por lo demás, la cruz sigue estando situada junto a la mencionada iglesia y es relativamente fácil divisarla nada más pisar la acogedora Place de la Republique, apenas quince minutos andando desde la estación de tren donde, en octubre de 1940, tuviera lugar la histórica reunión entre Hitler y Franco.

 

Según apunta en su libro, Fulcanelli supo por un anciano vasco que la cruz fue trasladada a San Vicente en 1842 y que antes estuvo en el cementerio comunal de Hendaya. En cuanto a su antigüedad, el ocultista especula con que se fabricó hacia finales del siglo XVII o inicios del XVIII, aunque no concede a este asunto demasiada importancia.

 

Lo relevante, en su opinión, es que la cruz es el «el monumento más singular del milenarismo primitivo y la más rara expresión simbólica del quiliasmo (sinónimo de milenarismo) que jamás hayamos visto». A simple vista, nadie coincidiría con Fulcanelli, pues el de Hendaya parece un crucero vulgar. No obstante, al observarlo más de cerca, llaman la atención los símbolos grabados en el monumento, pese a que la contaminación haya deteriorado el contorno de los emblemas. Aun así, son perfectamente legibles.

 

Vayamos con ellos.

 

En el brazo transversal de la cruz están inscritas dos «palabras»: OCRUXAVES PESUNICA. En realidad, la expresión piadosa en latín es O crux ave, spes unica (Saludo a la cruz, nuestra única esperanza). ¿Acaso el escultor no sabía latín? Fulcanelli niega esta posibilidad y subraya que se trata de un error deliberado, proponiendo un significado alternativo para el lema en base al desplazamiento de la letra S al final de AVE(S): «La letra S, que adopta la forma sinuosa de la serpiente, corresponde a la ji (X) de la lengua griega y toma de ella su significación esotérica.

 

Es el rastro helicoidal del sol llegado al cenit de su curva a través del espacio, al producirse la catástrofe cíclica. Es una imagen teórica de la bestia del Apocalipsis, del dragón que vomita, en los días del Juicio Final, fuego y azufre sobre la creación macrocósmica. Gracias al valor simbólico de la letra S, desplazada adrede, comprendemos que la inscripción debe expresarse en lenguaje secreto, es decir, en la lengua de los dioses o en la de los pájaros».

 

Cruz de Hendaya sol

La hipótesis de Fulcanelli podría parecernos aventurada, pero el ocultista pone al servicio de la misma el resto de los símbolos grabados en las cuatro caras del pedestal de la cruz.

 

En primer término y frente al observador, tenemos un sol con rostro humano y apariencia amenazadora. Del círculo solar emergen 32 rayos con diferentes longitudes.

 

En cada una de las cuatro esquinas del plano y alrededor del sol, el escultor plasmó cuatro estrellas de cinco puntas.

Cruz de Hendaya Estrella

 

Justo detrás del pedestal, en contraposición al relieve con el sol, observamos una gran estrella de ocho puntas. Tal vez represente a Venus, a Spica, a la Diosa Madre o a la «estrella fija» y apocalíptica de la cuarteta 46ª de las profecías de Nostradamus.

Cruz de Hendaya luna

A la izquierda del observador, el artista esculpió una luna menguante también antropomorfa. El rostro plasmado en la misma aparece en actitud seria o funeral, en todo caso siniestra, como corresponde a la simbología de esta fase lunar.

 

Y en la última cara, la situada a la derecha del espectador, surge un círculo dividido en cuatro segmentos, en el centro de cada uno de los cuales se grabó la letra A.

En opinión de Fulcanelli, se trata del «esquema adoptado por los iniciados para caracterizar el ciclo solar», y las aes señalarían las cuatro edades del hombre y el mundo, correspondiendo la última –en la que seguimos inmersos en la actualidad– a la edad del hierro, que «no tiene más sello que el de la muerte», sentenció el escritor.

 

Ahora bien, aun aceptando que la cruz de Hendaya contiene un mensaje hermético de índole fatalista, ¿alude a una fecha concreta? Los investigadores Jay Weidner y Vincent Bridges –entre otros– están persuadidos de que la respuesta es afirmativa.

 

En 2003, Weidner y Bridges publicaron The Mysteries of the Great Cross of Hendaye: Alchemy and the End of Time (Los misterios de la Gran Cruz de Hendaya: Alquimia y el fin de los tiempos), libro en el vinculan las especulaciones de Fulcanelli con un inminente desastre global.

 

En esencia, ambos investigadores están convencidos de que las señales inscritas en la cruz no sólo se refieren a nuestra época, sino que estarían refrendadas por las profecías de Nostradamus. Confiemos en que salgamos indemnes de esta edad de hierro que nos ha tocado vivir…

 

Para saber más Revista Año/Cero n.308

 

Escribir comentario

Comentarios: 0