Cráneos alargados, a imagen de los dioses

La inquietante práctica de la deformación craneal artificial puede ofrecer pistas sobre una civilización remota y desconocida.

 

Hay pocos objetos tan extraños como los cráneos, alargados, deformados deliberadamente mediante la aplicación de fuertes vendajes o bien producto de la evolución o ciertas patologías. No obstante, han aparecido miles de ellos en antiguos enterramientos dispersos por todo el planeta.

 

¿Qué llevó a nuestros remotos antepasados a torturarse de aquel modo? Los investigadores del fenómeno tienden a relacionarlo con creencias religiosas, aduciendo que los pueblos de la antigüedad imaginaron a sus deidades con la cabeza alargada, pero ¿todos ellos? ¿se trataba de un "modelo" universal?

 

Es posible que veamos por qué .....

 

cráneos alargados
Busto de princesa de Amarna.

En julio de 2016, arqueólogos mexicanos hacían públicos los detalles de un singular descubrimiento en las ruinas de Tlailotlacán, un barrio situado a las afueras de Teotihuacán, la antigua capital mesoamericana ubicada al noreste del valle de México. Se trataba de un esqueleto perteneciente a una mujer de la élite que fue enterrada en este lugar hace aproximadamente 1.600 años, según informaban portavoces del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH).

 

En el momento del hallazgo, que se produjo en 2014, los científicos del INAH ya advirtieron que el esqueleto no se correspondía con el de alguien corriente, debido a la cantidad de modificaciones corporales que presentaba. En concreto, como apuntaba el antropólogo físico Jorge Archer Velasco, «la cabeza de la mujer debió lucir alargada, porque su cráneo muestra una modificación del tipo tabular erecta que se logró mediante una compresión fronto-occipital muy extrema. Se trata de un tipo de deformación cultural que no fue propia de esta región del Altiplano Central mexicano donde se localiza Teotihuacán, sino del sur de Mesoamérica».

 

Todo indica que la mujer con el cráneo elongado era extranjera y de clase alta. «Fue una mujer única», sentenciaba Archer Velasco.

 

¿Única? Sin ánimo de menospreciar el caso anterior, los ejemplos de deformación craneal artificial son muy numerosos. Por ejemplo, sólo un mes antes de que se hiciera público el descubrimiento de «la mujer de Tlailotlacán», la web científica PlosOne informaba de que arqueólogos coreanos descubrían un cráneo elongado en una tumba perteneciente a la Cultura Sila, que dominó la mayor parte de la península de Corea durante casi un milenio, desde 57 a. C. hasta 935 d. C.

Una práctica muy extendida

El esqueleto, relativamente bien conservado excepto la cabeza, perteneció a una mujer que tendría unos 40 años en el momento de su muerte, ocurrida en algún momento del siglo sexto.

 

Llamativamente, el cráneo estaba fragmentado y los investigadores tuvieron que recomponerlo minuciosamente. Cuando acabaron de hacerlo, se sorprendieron al descubrir que era excesivamente largo y anormalmente estrecho. Además, concluyeron que no había sido alargado deliberadamente mediante procedimientos mecánicos, y que su estructura no coincidía con los patrones anatómicos habituales en la región, de manera que es muy posible que se tratase de una extranjera, curiosamente la misma particularidad que presentaba «la mujer de Tlailotlacán».

 

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La princesa de Sila (Corea).

 

Sirvan estos ejemplos de México y Corea para introducir el misterio de los cráneos alargados en sus dos vertientes conocidas: los elongados de forma artificial y los que aparentemente son resultado de un proceso natural, patológico o no.

 

Podemos encontrar evidencias de deformación craneal artificial (DCA) en los cinco continentes, lo que convierte a esta modificación corporal en una de las más extendidas del planeta. Por poner sólo unos pocos ejemplos, se han hallado cráneos alargados en Perú, Bolivia, EE UU, Bahamas, República del Congo, Egipto, Malta, Francia, las Islas Canarias, la cuenca de los Cárpatos, Rusia, Noruega, Tahití, Samoa, Hawái, Vanuatu, Australia, Irak y Corea, donde la deformación craneal artificial era practicada en el reino de Gaya, posteriormente absorbido por la mencionada cultura Sila.

 

Grosso modo, la deformación craneal artificial, es una forma de modificación corporal a través de la cual se altera deliberadamente la morfología del cráneo. En general, esto se consigue mediante la aplicación de fuerza, por ejemplo comprimiendo el cráneo con la ayuda de dos tablas de madera que se colocan lateralmente o fijándolo con un vendaje muy apretado. Dicho proceso se practica aproximadamente un mes después del nacimiento del sujeto, ya que el cráneo es más maleable en esa etapa, prolongándose dicho procedimiento durante aproximadamente seis meses.

 

Los ejemplos más tempranos de deformación craneal intencionada son anteriores a la historia escrita, habiéndose hallado ejemplos de esta práctica en dos cráneos neandertales descubiertos en la cueva de Shanidar (Irak) y datados hacia 50.000 a. C., así como en esqueletos protoneolíticos en el sudoeste de Asia.

 

En cuanto al registro escrito más antiguo de deformación craneal artificial (DCA), data de 400 a. C. en la descripción de Hipócrates de los macrocéfalos o «cabezas largas», que habitaban el Ponto Euxino (al noreste de Anatolia, en la costa del mar Negro) y que eran llamados así porque empleaban la práctica ritual de la deformación craneal. 

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Miembro de la etnia chinook

 

El prestigioso historiador John Man aventura que, al menos en ciertos casos, la DCA pudo tener un origen religioso, por ejemplo para distinguir a los niños o niñas que estaban destinados al sacerdocio.

 

No obstante, el historiador británico parece decantarse por la hipótesis social: «Entre los chinooks se consideraba prueba de buena alimentación; a las madres que no podían tomarse la molestia se las consideraba negligentes, y sus hijos de cabezas redondas se arriesgaban a ser importunados por sus pares de cabeza plana. En otras culturas en las que las madres o niñeras disponían del tiempo para prodigar la necesaria atención, una cabeza larga era señal de categoría», apunta el erudito.

 

 

 

En efecto, la teoría de la «distinción social» es una de las preferidas para explicar este enigma. El mismo Hipócrates, en su Tratado de los aires, aguas y lugares, sostiene que «esta costumbre trae su origen de la idea de nobleza que atribuían a las cabezas largas».

 

No obstante, hay más hipótesis al respecto de esta peculiar práctica, sobre todo cuando el contexto geográfico y cultural ya es de por sí misterioso. Un buen ejemplo lo tenemos en el distrito peruano de Paracas, en el departamento de Ica. ¿Tendrán que ver las Piedras de Ica o los geoglifos de las pampas de Nazca y Paracas con el misterio de los cráneos elongados? Para no pocos investigadores, la respuesta es afirmativa. Veámoslo.

 

En la década de 1920, Julio César Tello Rojas (1880-1947), junto con su discípulo Toribio Mejía Xesspe, en el curso de sus investigaciones en torno a la cultura Paracas, descubrieron en Warikayan, entre las ruinas de un asentamiento prehispánicó, varios centenares de fardos funerarios que contenían más de 400 momias antiguas. Tello interpretó esta peculiar aglomeración de momias como una ciudad-cementerio, por lo que denominó al yacimiento Paracas-Necrópolis, para diferenciarlo de otro cementerio en forma de pozos que había descubierto pocos años antes, muy cerca de allí, al que había llamado Paracas-Cavernas.

 

En cualquier caso, Tello consideró a ambos sitios como representativos de dos períodos de la cultura Paracas (800 a. C. a 200 d. C.), división que continúa utilizándose en la actualidad.

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Akenatón.

Dejando a un lado las valiosísimas muestras de cerámica y textiles descubiertas en Warikayan, lo que nos interesa de este yacimiento tiene que ver con algunas de las momias desenterradas, pues el de Paracas fue uno de los antiguos pueblos andinos que practicaban la deformación craneal artificial.

 

¿Por qué lo hacían? En el caso de la cultura Paracas, los antropólogos proponen razones espirituales o religiosas, aduciendo en algunos casos que los antiguos habitantes de esta región pretendían parecerse a sus deidades. ¿Dioses con cráneos alargados? La cosa se complica…

 

Las calaveras de Paracas han sido poco estudiadas, aunque al parecer tienen una capacidad craneal entre un 25-40% mayor que la de un cráneo humano normal.

 

Esta anomalía, por sí sola, no convertiría en alienígenas a los individuos de Paracas, pero, en 2011, Brien Foerster, un biólogo canadiense especializado en la investigación de culturas indígenas, convenció a Navarro Hierro de que le permitiera extraer muestras de los cráneos conservados en su museo para someterlas a análisis de ADN.

Pues bien, el 12 de febrero 2014, Foerster publicó un comunicado en su página de Facebook en el que, entre otras cosas, pudimos leer esta inquietante declaración: «Cualquiera que sea la procedencia de la muestra marcada 3A, tenía ADNmt (ADN mitocondrial) con mutaciones desconocidas en cualquier ser humano, primate o animal conocido hasta ahora (…) Se trata de una nueva criatura tipo humana, pero muy distante de los Homo sapiens, los neandertales y los homínidos de Denisova».

 

En el mismo comunicado, Foerster añadía que la investigación sigue en marcha, subrayando que se trataba de análisis preliminares. No obstante, ¿es posible que esa «mutación desconocida» sea indicativa de que nos encontramos ante individuos no enteramente humanos? ¿O acaso demuestre que algunos habitantes de Paracas descendían de una especie humana aún no catalogada? Hasta que no se publiquen los análisis definitivos prometidos por Foerster y se descarte además una posible contaminación de las muestras, el enigma de los cráneos alargados de Paracas continuará siéndolo.

 

El caso de Malta resulta paradigmático.

 

Ubicado en el centro del Mediterráneo, el archipiélago de Malta es célebre por sus monumentos megalíticos, erigidos por una cultura que se desarrolló en las islas de Malta y Gozo entre los años 5.000 a. C. y 2.500 a. C., y que se adscribe a lo que se ha dado en llamar Edad de los Templos.

 

Las formas y dimensiones de los templos malteses continúan desconcertando a los arqueólogos. También el propósito de los mismos, aunque los restos de sacrificios animales y estatuillas de diosas de la fertilidad que se han hallado entre sus muros, parecen acreditar una finalidad religiosa. Hasta aquí, la Malta megalítica. Pero este país insular guarda otros secretos que estuvieron a la vista hasta 1985.

Sutura sagital

Porque precisamente ese año, el Museo Arqueológico de La Valetta dejó de exhibir varios cráneos humanos, con al menos cuatro mil quinientos años de antigüedad, descubiertos en el célebre hipogeo de Hal Saflieni, un extraordinario templo subterráneo prehistórico.

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Cráneos sin sutura sagital guardados en el museo de La Valetta.

El investigador italiano Adriano Forgione, director de la revista Fenix, tuvo la oportunidad de contemplar estos cráneos en 2001, gracias a la intermediación de dos médicos malteses, los doctores Anton Mifsud y su colega Charles Savona Ventura, quienes obtuvieron un permiso especial para ver las misteriosas calaveras, guardadas bajo llave en las dependencias del museo. «Lo que más me llamó la atención –me explica Forgione– fueron dos anomalías que presentaban varios de los cráneos alargados.

 

La primera era un raro aplanamiento en la parte superior de la cabeza. La segunda, la total ausencia de sutura sagital, una particularidad considerada imposible por los médicos y anatomistas que he consultado a lo largo de estos años, y ausente de la literatura clínica internacional, salvo que alguien me demuestre lo contrario. Sin duda, se trata de una característica que refuerza la extrañeza de este caso».

 

Forgione recabó la opinión profesional de Mark Anthony Mifsud, quien tras lamentar que todavía no se hayan hecho pruebas de ADN o de Carbono-14 a los cráneos, especuló con que los dueños de los mismos «son de otra raza», una consideración que Adriano Forgione ha relacionado con los misteriosos sitios megalíticos malteses o, más concretamente, con el de Hal Saflieni, el asombroso hipogeo donde en tiempos remotos se rindió culto a la Diosa Madre.

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Reconstrucción de un cráneo de Paracas.

Tal vez cueste creer que la práctica de la DCA surgiera como imitación de un modelo específico de dioses o seres con cualidades especiales. No obstante, tal cosa sería perfectamente factible si asumimos que existió una civilización avanzada anterior a la nuestra, una cultura que se extendió universalmente y que produjo un inusitado impacto sobre la humanidad que llegó después.

 

Eso explicaría por qué hallamos esta anomalía tanto entre los primeros humanos que habitaron la cueva de Shanidar, como en la casta dirigente de los hunos, la confederación de tribus que Atila condujo con mano de hierro. Obviamente, también sirve para resolver el misterio de Paracas, el de Malta o el de las islas Hawái.

 

Sin embargo, el interés científico por examinar las evidencias que acabo de presentar parece limitarse a la catalogación arqueológica de tal o cual hallazgo, sin entrar en profundidades ni ofrecernos una visión de conjunto.

 

 

Del mismo modo, apenas contamos con registros históricos que se refieran a los pueblos que llevaron a cabo esta clase de modificaciones corporales. ¿Tendrá que ver con que la mayoría eran poblaciones indígenas o nativas?

 

La práctica de la deformación craneal artificial, al igual que el hallazgo de cráneos cuya elongación parece deberse a procesos naturales o a la herencia genética, propone una sugerente perspectiva sobre las creencias de nuestros antepasados remotos, de la misma manera que sugiere un posible contacto con entidades, culturas o registros que han desaparecido del mapa de la historia.

 

No podemos saber qué ocurrió en nuestro planeta a lo largo de sus cuatro mil quinientos millones de años de existencia.

 

Paradójicamente, «anomalías» como la que he presentado en este artículo quizá sirvieran para rellenar algún espacio vacío…

 

Para saber más Revista Año/Cero n.314

 

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